agosto 18, 2008

Escribir cartas de amor

"A partir de cierto punto no hay retorno, ese es el punto donde hay que llegar"
Kafka


Hoy quiero escribir cartas de amor. Escribir cartas de amor no debe ser tan fastidioso o cursi como muchos piensan; tampoco debe ser una manera de matar el tiempo, requiere de dedicación. Es una especie de deuda pendiente. Para mí, escribir cartas de amor es una forma de exorcizar los demonios.
Muchos personajes de la historia han dejado una estela de correspondencia que los desnuda ante el mundo. Así lo demuestra libros como 99 cartas de amor (Debolsillo, 2007) que reúne los mejores mensajes de amor de Goethe, Freud, Chopin, Franco, entre otros. Sin embargo, apelando a mi memoria criolla, prefiero recordar otros casos de importantes correspondencias como las cartas entre Simon Bolívar y su adorada Manuelita Sáenz, un epistolario que Diego Rizquez recogió luego en su película Manuela Sáenz, la libertadora del Libertador, y de la cual siempre recuerdo una frase con claridad: “He recorrido miles de kilómetros, desde tu última carta hasta aquí”. Aunque en el largometraje la frase no es exacta al libro, el personaje de Manuela logra transmitir lo que significan esas palabras después de meses sin ver a su amado.

Si yo tuviera meses sin ver al hombre que amo, sería más extensa en mis palabras, mas desesperada:
“Sebastián, hace varios días que no se ti. No pasa una noche en que no piense en tu regreso. Trato de imaginar como será el momento en que te vea y pueda decirte, sin contener mi alegría, que te he extrañado. Mis noches son solitarias y largas, pero no tristes, pues sólo pensar que deseas regresar a verme, llena de satisfacción mi alma. Te espero con ansias y con el profundo deseo de sentirte cerca de mí, una vez más. En esta carta te entrego mi vida, porque siento que contigo hay una posibilidad de volver a sentir. No temas a mi entusiasmo, se que hay riesgos, que hay diferencias que superar, distancias que acortar, pero eso me tiene sin cuidado, ¿acaso no es así como se construye una relación?, ¿acaso lo más divertido de una pareja no es esa manera de tratar de complementarse? Demos una oportunidad a esto que sentimos, a esta cosquillita en el estómago, sin temor al después. En esta etapa de nuestras vidas, no tenemos nada que perder. Espero tu regreso”.

Al que amé y no correspondió mis sentimientos podría decirle en pocas líneas lo que con miles de lágrimas jamás pude:
“Sebastián, fui una tonta al pensar que si volvíamos a encontrarnos habría un poquito de esperanza para nosotros. Pero hoy, igual que hace algunos años, siento que no soy correspondida. Esa última noche contigo no se si lloraba porque añoraba lo que tuvimos, nuestra vida juntos, o porque sabía lo que vendría después. No tuviste ningún gesto conmigo después de nuestro reencuentro. Me sentí de nuevo como la tonta que siempre fui. Si alguna vez volvemos a encontrarnos podré decirte, firmemente, que cada vez me duele menos tu ausencia y que el tonto siempre has sido tú, por no saber amarme cuando pude darte mi vida”.

Finalmente, a aquel que abandoné, al fantasma que no me deja dormir tranquila, al secreto que llevo escondida, no tendría más que decirle que:
“Sebastián, he dejado atrás todo lo que me vio crecer. Siento que he abandonado a mis seres queridos, a ti, especialmente. Espero puedas perdonarme. La vida nos ha llevado por caminos distintos, sin embargo, estoy conciente de que no he hecho mucho por lograr que esos caminos se encuentren. Mientras más libertad tuve, más quise. Ahora que he volado, me doy cuenta que debo regresar al lugar de donde partí, pues es la única manera de volver a levantar las alas”.

En Cartas inéditas entre de Maupassant a Flaubert (París, 1929), se lee una frase que el escritor francés escribió en 1879 a su amigo el novelista Gustave Flaubert, que resume lo único que me queda por decir luego de estos intentos de exorcismo: “Perdón por estos garabatos”.

2 comentarios:

Escritora y artista visual dijo...

Mis saludos Adriana. lo parejo de la realidad vivida nos lleva a lecturas igual vividas. Los destinos se cruzan siempre para dejar un olor misterioso que hasta asombra a mismo Sebastian.
Un abrazo
Siempre
Sencillamente
Milagro Haack

Anónimo dijo...

Soy el Sebastian asombrado por el arte que sale de tus letras... te quiero, te admiro,... sin palabras!!!

A.

PD.... en silencio!!!