Una noche
me reuní con unas amigas, sus amigos y los amigos de sus amigos, a tomarnos
unos vinos. Entre los amigos de los amigos de mis amigas, había un sujeto que
destacaba y al que, una amiga y yo, bautizamos como el James Dean latino. La
reunión transcurría entre vasos llenos y conversaciones de todo tipo. Como en
un juego, consecutivamente y según los intereses, la gente se fue moviendo de
sus lugares. En un momento, James Dean quedó frente a nosotras. Grata sorpresa
para mí, él resultó ser un amante del cine; no del mejor, pero eso no
importaba.Hacía años yo había escuchado que ver tres películas a la semana permite aprender lo básico, y hasta lo más complejo de la vida. Entonces, había decidido que no importara qué estudiara, dónde o cuándo, mi academia principal sería el cine. Las citas cinematográficas abundan en mis cuadernos, en mis paredes y en mí día a día. Así como el personaje vive una transformación en la trama, yo también hago uso, y a veces abuso, de esas transformaciones. Un día soy protagonista, otro, antagonista.
Mi amiga y yo moríamos ante la vestimenta al mejor estilo de los 60 de James: chaqueta de cuero, cabello despeinado, jeans rasgados. Producto del vino, se fue creando un clima de rivalidad entre nosotras, una rivalidad amistosa. James nos retó a recordar una frase de cada una de las películas que mencionara; un juego en el que, evidentemente, mi amiga llevaba las de perder.
6 comentarios:
Hola adriana
Muy pero muy bueno. Los intercambios, lo irónico, la vivencia, el hilo de la historia que no se pierde al cambiar de porta voz. Me agrada y !sobran las palabras!
Muchas gracias siempre por darle de leer
Milagro
Iba a decir: "no se que has hecho, espero siempre tu aviso" , pero no es justo. Se lo que haces: estoy bajo el encantamiento de tu escritura. Gracias..!
Muy bien! No sólo que está buenísimo el relato, sino que muestra lo único que no se debe perder entre amigas: los códigos. Bienvenida al gremio de la fidelidad (intra)femenina, necesitamos más como usted!
Adriana gracias por el relato. Definitvamente el cine se apodera de historias de nuestras vidas, o ¿viceversa?...Un relato a lo Briggitte Jones: los amigos, el vino y los intercambios...
Un abrazo
Ajá...y qué pasó después??
Cuenta!!!
fedora... eso lo dejo para otro post!
Publicar un comentario