mayo 04, 2009

Meco

Qué alegría cada domingo cuando Meco llegaba con una bolsa de pan para cada casa. Sabía el tipo de pan que le gustaba a cada una de sus hermanas y, desde que entraba a Potreritos, iba dejando una bolsa llena en la puerta respectiva. A mi abuela siempre le llevaba sus bollitos de pan dulce, que ella escondía en la parte alta del ropero de su cuarto para darle después a sus nietos preferidos, entre esos, yo.

En Potreritos todos se conocen. Es un pueblo pequeño: una calle que sube y otra que baja, los domingos a la misa y luego a la plaza; la arepera, la escuela, la casa de la cultura y la cancha donde se juega baloncesto, se presentan los grupos de danza, se eligen las reinas en las ferias, y se celebran otros festejos, como en cualquier pueblo venezolano. En San José de Potreritos, el poblado más alejado de la Cañada de Urdaneta, todos conocen a Meco, mi padre.

Nació en 1944. Se llama Américo, como su padre, como su abuelo. También se llaman así mis tres hermanos, dos de mis primos, y seguramente, otro pariente que no conozco. Incluso a mi Tía Terema, primogénita de los Morán Urdaneta, le fue imposible escapar a la herencia del nombre. La bautizaron Ocirema, Américo al revés.

Mi papá es un hombre muy generoso, de esos que “se quitan la camisa para dársela a otro”, como dicen algunos. Combina la sabiduría y el carisma del profesor universitario con la generosidad y la rectitud del hombre de pueblo. Mi padre siempre tiene algo que dar. No es muy cariñoso, pero siempre está cuando se necesita. Ama profundamente la vida y agradece lo que le ha dado.

Solo un recuerdo basta para ejemplificar esta descripción de un hombre despistado e inocente. Al final de un agosto, después de unas inolvidables vacaciones, decidí quedarme a vivir en Potreritos. A mis 12 años estaba deslumbrada por la vida que llevaban mis primas, unos cuantos años más grandes que yo. Las fiestas, los permisos hasta tarde, los pantalones ajustados, la facilidad para decir malas palabras… Con más razón, Meco continuó sus visitas semanales al pueblo.

Un domingo, luego del almuerzo de carne con papas, arroz y plátano asado con queso, le dije que tenía un enamorado, que se llamaba P y que él conocía a su familia, pues eran primos lejanos. Mi papá no dijo nada. Se levantó de la mesa y se fue a reposar en la hamaca de mi Tía Nena.

Durante el cafecito de la tarde, mi Tía Nena notó su cara de consternación y le preguntó que había pasado, a lo que él contestó: - Adriana me dijo que tenía un novio… al fin, yo pensaba que le gustaban las mujeres.

6 comentarios:

Milagro Haack dijo...

Mis saludos Adriana.

“Lo recordamos todavía. Es como si todo esto/ tuviera que ser una vez más.” Rainer Maria Rilke

Desde lo privativo nace este texto. La vida pasa como los instantes, como Meco y el pan de cada día. Meco abre la memoria en este libro invocado con vida en destino propio. Aquí, el Tema, se desarrolla una mezcla extraída del recuerdo, y nos regresa la presencia de lo masculino como el personaje que marca, el inicio con un signo: El pan para la familia.
Meco ahora Américo sella la herencia, esta vez no puntual de un acontecimiento del presente, sino con la vivencia que habitada la infancia, junto a los sentires salientes por alguna correlación con el presente retorna, hasta quizás se añora.
El paisaje y sus referencias quedan por calles de "San José de Potreritos”, dado por la atmosfera sólo lo sostiene el anzuelo justificando sólo el espacio para recorrer las muy propias vivencias. Aquí el “yo” infante es muy intrínseco haciéndonos mirar hacia la herencia, hacia la curiosidad muy típica, lo cotidiano sin rebusques, todo como colocado para dar una sensación fría, obviando detalles para movernos hacia el señalamiento, que tomo como el nudo de este cuento: “Mi hija me dijo que tenía un novio… al fin, yo pensaba que le gustaban las mujeres”. Este final, entre Meco, Américo y “yo” dan fe real de esa otra realidad brotando con dejos de alegría, más tristeza contenida por los reflejos regresados desde el espejo de la misma infancia.

Muy personal, sin dejar de visualizar la visión de leerlo como el desdoble del otro: el porta voz narrativo.

Hasta pronto y gracias Adriana

Anónimo dijo...

Gracias por enviarme tus "crónicas-repetidas". Me encantan la frescura y profundidad de tu escritura.
Carmen Adela

Anónimo dijo...

Como siempre…a mi encantan tus historias mágicas. ¿Dónde se sitúa la realidad y la ficción?. No me contestes me gusta imaginarme
A

Anónimo dijo...

....Sin olvidar las divertidas fiestas en el Club.....
Puedo decir que mi papá nos deja un buen legado.... BUENA GENTE, HUMILDE, NOBLE, CORRECTO y EJEMPLAR PROFESIONAL.....y por supuesto lo que más nos caracteriza... Inocentes y despistados.....y hasta un poco solitarios...
C.A.A....un abrazoteeeeeeee

Yo! dijo...

Me encantó!

PatRi dijo...

Los Padres... de ellos tomamos la vida... sin ellos no estariamos aqui!...Gracias papi, gracias mami...por la vida que me diste...Bendiceme... si lo hago diferente!!!!!