septiembre 11, 2009

El diablo volvió

Cuando era adolescente soñaba que un ángel bajaba del cielo y me besaba con dulzura. Ahora, después de muchas idas y venidas, sueño que el diablo sube desde el infierno y me hace el amor. Mis amigas más religiosas y respetables se escandalizan con  esta idea, pero la verdad es que creo en el diablo. No en ese personaje castigador que vive debajo de la tierra y quiere cocinarnos en una paila gigante, sino en el ser misterioso y sensual que ronda mis recuerdos y mis anhelos más atrevidos.

Cuando era niña y vivía en la casa vieja, algunas noches mis primos y yo veíamos un perro negro que se paraba en lo alto de un montículo de tierra que había en un terreno al frente de la casa. Nos asustábamos, claro, pero mayor era el susto cuando mi abuela decía que ese perro era el diablo, y que, obviamente, vendría a llevarnos si nos portábamos mal. Esa imagen me acompañó toda la vida.

Ahora lo veo en muchas partes. Hacía tiempo que no pensaba en él, pero justo en estos días lo vi representado de manera muy hermosa en una pintura de colores grises, con ojos grandes y achinados, labios prominentes, y sus respectivos cachos.

Al diablo lo tengo presente en muchos recuerdos. Lo veo en el moreno con el tatuaje de dragón en el brazo, en el viajero con piernas de futbolista, en el músico que no volvió, en el amante del cine que disimula ser normal y en el fotógrafo con el que sueño.


Este diablo me persigue y me abandona. Va y viene. Sigiloso, siempre marcando su territorio. No sé si estuvo rondando por mi casa anoche, pero esta mañana amanecí con un moretón en mi barbilla. Juro, por mi vida, que dormí sola. 

5 comentarios:

fanangerella dijo...

Sí existe, Adri. Yo lo he visto de cerca.
¿Y sabes qué? Gracias a Dios!!!

leacuna dijo...

Perro...!! Adriana, ahora recuerdo que era lo único a lo que se le podía temer, cuando uno recorría de noche cualquiera de los barrios de Caracas hace 30 años. Ahora está en todas las noticias...!!

Biblión dijo...

Siempre he temido a la aparición de cardenales luego de una noche de sueño en mejillas de mujer. Puede ser una de varias cosas: el estallido o iluminación de un cuerpo solitario; una palabra sonámbula intentando dejar una huella en la sombra de tu boca; o una sonrisa engatillada por el paso de un murmullo trasnochado. Y si por algún persistente equívoco fuese el diablo, como dices, -en un intento de marcar lo que él cree su territorio-, el moretón en tu barbilla no sería otra cosa que la milenaria demostración de su torpeza al besar.

Marbellis Martínez dijo...

Aunque parezca extraño, muchos pensamos en ese tipo de diablo que invade nuestros pensamientos y de vez en cuando nos asusta, en otras disfrutamos de su presencia.

Anónimo dijo...

jajajajaja ta muy bueno!!!