marzo 19, 2009

Eran Riklis: cine y conflicto


Dos películas de Eran Riklis dan luces a la situación de las mujeres palestinas en pleno siglo XXI. Aunque es un tema recurrente en el cine israelí, la puesta en escena que hace Riklis sobre las complicaciones femeninas en La novia Siria (Ha Kala Ha-Surit, 2004) y Los limoneros (Etz Limon, 2008) dejan entrever una realidad más allá del burka, con una belleza absoluta en la gran pantalla.
En medio de tierras áridas y hombres armados que resguardan su ideología, están estas mujeres sumisas de Riklis que esconden pasiones y deseos, como cualquier otra. El drama familiar, se convierte en epicentro de la nueva corriente del cine israelí que dirige una mirada crítica sobre la conducta de Israel hacia la comunidad árabe que vive en su territorio.
En una entrevista, luego de estrenar Los Limoneros, el director dijo: “ambos lados han hecho cosas deplorables, nada es blanco o negro, la historia de unos limoneros que se convierten en una amenaza a la seguridad nacional (…) me pareció el marco perfecto para lo que quería contar”.
En la simplicidad de las tragicomedias absurdas de Riklis nadie es malo o es bueno, todos los personajes están atrapados en situaciones políticas, en situaciones personales que los llevan a actuar de alguna manera y tomar decisiones correctas o incorrectas.

La novia errante
La trama de La novia siria se desarrolla en las Alturas del Golán, territorio originalmente sirio pero ocupado por Israel desde 1967, cuyos habitantes carecen de nacionalidad propia a causa de la disputa. La boda de la hija menor de una familia drusa con un pariente que no conoce, está a punto de cancelarse por los conflictos sociopolíticos. Entre los personajes, destaca la hija mayor de esta familia, interpretada por Hiam Abbass, una mujer que no se resigna a acatar las tradiciones familiares y lucha por los derechos de las mujeres en una sociedad represiva y conservadora.
El guión que comparten Riklis y la documentalista palestina Suha Arraf, tiene un manoseo didáctico sobre la realidad político-social absurda y dolorosa del Medio Oriente: cuando un druso atraviesa la frontera para ir a vivir a Siria, tiene prohibido el regreso. Es un film poco pretencioso, sencillo, lleno de clichés, incluso, pero con un agregado político que marca contundentemente el hilo narrativo. La novia siria ganó 18 premios internacionales.

Limoneros… un ministro de defensa…Cuatro años más tarde, Riklis se atreve a meter las narices en el muro que separa Israel de Cisjordania. Se trata de una metáfora que narra la difícil convivencia entre vecinos separados por una siembra de limones que representa las relaciones políticas entre ambos territorios. En Los limoneros, Riklis recurre otra vez al tema de la ocupación y la presencia de la mujer en medio del trance.
Salma Zidane (Hiam Abbass) es una viuda que vive sólo para sus plantas de limones. El viejo sembradío que heredó de su padre es el sustento y único quehacer de su solitaria vida. Un día, su nuevo vecino, el ministro de defensa israelí, se siente amenazado por el limonero y decide cortarlo. Decisión que Salma no acepta y lleva hasta sus últimas consecuencias. La historia de esta mujer solitaria se yuxtapone con la vida de la esposa del ministro, ambas están llenas de soledad y miedo, encerradas en sus búnkeres culturales. Son dos mujeres separadas por una muralla pero que se reflejan una a la otra desde diferentes realidades sociales. Los limoneros recibió el Premio del Público en el Festival de Berlín 2008.

La cara del conflicto
Pero estas películas no serían las mismas sin la presencia de Hiam Abbass, una actriz de teatro palestina residenciada en París que se dio a conocer en la gran pantalla en el año 2005 con Paradise Now (Hany Abu-Assad) y Múnich (Steven Spielberg).
Su mirada complaciente y sumisa y su disimulada sonrisa conforman una buena combinación para la caracterización de los personajes que interpreta. A pesar de algunos papeles alejados del argumento político, por ejemplo en Conversaciones con mi jardinero (Jean Becker, 2007), donde interpreta a la mujer, una esposa dulce y abnegada; los medios internacionales la han llamado “la cara del conflicto”.
Y es que Hiam Abbass, trata de enarbolar la bandera de paz para el Medio Oriente por una vía más amable: el cine. A tal punto de trabajar con Riklis, el único director israelí que la ha dirigido. Sobre este tema, ha dicho a la prensa: “Desde las películas hago mi parte, pero todo el mundo tiene que hacer la suya".

marzo 04, 2009

Un valiente en el bar

Lo vi desde la ventana. Yo estaba sentada en una mesa junto al vidrio, donde me daba el sol que comenzaba a bajar con la tarde. Entró, miré sus zapatos deportivos rojos y sonreí. Se sentó al otro lado del sucio y oscuro bar, un lugar mítico, donde viejos obreros de fábricas cercanas planearon la revolución de los 70. Sacó de su mochila negra un papel y un lapicero. Pidió un cortado al que no prestó mucha atención cuando lo trajo la mesera. ¿Azúcar o edulcorante? -Azúcar, gracias. Bajó la mirada y volvió a concentrarse en sus trazos.
-No me queda otra alternativa que escribir cuando no puedo hablar. Sigo siendo el mismo cobarde que mantiene un diálogo inconcluso con el techo todas las noches, con la hoja en blanco, con el café frío... Se movía bruscamente en la silla y tropezaba la mesa que hacía bailar el café. Se repetía las frases una y otra vez pero siempre con la mirada sobre el papel: -No atreverse a hablar de los sentimientos, es como no atreverse a sentir. Se pretende que se siente. Se disimula con uno mismo. El cuerpo se va llenando de deseos, de sonrisas gracias a la imaginación, a la ilusión de un momento esperado. La obra que no se termina de estrenar. Esta cobardía terrible me acompaña como una sombra. Creer que otro supone lo que siento, y sentirme desarmado.
El cortado dejó de humear y el sol siguió bajando por el oeste. Yo disimulaba leer la primera página de la sección de deportes del Clarín, mientras tomaba mi "con leche". Sin el más mínimo esfuerzo, cualquiera notaría que sólo disimulaba. Sentía que leía su mente con sólo mirarlo, mientras la mesera se paseaba por el descuidado bar. Parecía que había descubierto que las sonrisas no eran gratis, que se debían a algo, a alguien.
-Quiero decir que mientras más molestia y desesperanza, más ganas tengo de envolverme en las palabras. Palabras que por momentos son duras, golpean y logran desequilibrarme. Quiero decir también que la vida me sonrió, como otras veces, y que quiero aprovecharme de eso, como otras veces. El concepto de felicidad está fraccionado en momentos, y este es uno de ellos. Los fantasmas deciden esconderse porque no pueden enfrentarse a este nuevo intruso. El que no termina de llegar, el que espera en la puerta. Camina de un lado a otro y disimula, pero está ahí. No sabe si tocar, no sabe si seguir de largo. No hay ningún sentimiento predeterminado, ningún plan, sólo las ganas de empezar, y volver.
Un sonido abrupto de la puerta lo devolvió a la realidad, al bar. Bebió rápidamente su café como esperando no perder el último trago tibio. Sacó de su mochila su celular, lo revisó y lo guardó nuevamente.
-Todo llega, es el lema de los conformistas esperanzados. Todo llega y no se cómo dejarlo entrar, no se cómo irlo a buscar. Las experiencias no valen nada. Cada vez es una nueva experiencia. Ninguna parecida a la otra, aunque así lo parezca.
Pidió la cuenta, sacó la billetera del bolsillo de su pantalón de jean rasgado y dejó un billete y unas monedas sobre la mesa. Al pasar por mi mesa se detuvo y me miró. El sol daba ahora de frente, iluminó su cara y pude ver sus ojos grisáceos con un punto marrón en el centro, casi como un hechizo. Bajé la mirada y él salió. Observé como se perdía entre la gente que caminaba por la Sucre.
Pedí la cuenta, queriendo escapar de ese lugar, de esa mirada. La mesera trajo mi cuenta y una hoja doblada a la mitad. –Cuatro cincuenta. Esto es para usted.
Sorprendida pagué con un billete de cinco pesos y no acepté el cambio. Leí cuidadosamente la nota y mi corazón se aceleró. Me gustó el final: -No me atreví a hablar. Quiero pensar que no fue un sueño y que, tarde o temprano, voy a decidirme, pues soy un hombre con valor y no temo al rechazo y a la indiferencia.